...comencé el día trabajando. Una vez más me prometí a mi misma salir a tiempo para regresar temprano a casa... esta vez la deuda para conmigo queda por poco más de dos horas. No comprendo porque me resulta tan difícil poner esa clase de límites... espero que algún día pueda narrarlo en pretérito. Comencé mi día temprano, después de una noche que se acompañó de llanto, frustración y búsqueda de comprensión. Pero él estuvo ahí conmigo, primero, siendo protsagonista de mi sufrimiento pero después a manera de remanso. Me brindó sus brazos llenos de ternura y sobretodo, regalándome su presencia, anhelada compañía. Apagó el televisor y me miró con paciencia, esperando que pudiera decir todo loq eu hiciera falta. Con un cuidadoso empeño por no decir algo fuera de lugar y tratando de enmendar el camino si es que eso llegaba a ocurrir en el trayecto de las palabras. Hoy por la mañana comprendí cual había sido el detonador de ese torrente de emociones y sentimientos... "hormonas". Cada vez que me encuentro en crisis ellas se tornan violentas y sin piedad. Mi rostro mostraba las huellas inminentes de la noche anterior. Al llegar al trabajo una niña me mirpo diciendo "está todo bien? y sin esperar una respuesta, me abrazo mostrando que ella estaba a´hí aunque supiera que no sabría que es lo que había pasado. En un gesto de agradecimiento tan solo dije algo que le hiciera comprender que mi cuerpo también es habitado por hormonas. Ella esbozó una tímida sonrisa. Eso fue una buena manera de comenzar a tomar ritmo en el trabajo. Pude solucionar un problema con la bocina, dialogué un poco con mi compañera y la bien libré por la mañana. Mientras lo cotidiano hacía lo suyo mi mente estaba imparable y como siempre, alterando mi cabeza. Aunado a eso, el trabajo reflexivo intenso que me ha venido acompañando con mayor intensidad mientras los días pasan. Continúo preguntándome que quiero en este momento, cual es el siguiente paso a dar, muchas cosas pasan, siguen apareciendo eventos inesperados. Se me escapan unas propuestas de los labios, a pesar de la retisencia de los otros ante ellas... y, finalmente, ella, con sus palabras de aliento, con su mirada inspiradora, con su caricia para mi alma, enseñándome, dándome un buen reflejo. Alumbrando mi jornada... literalmente como una luz al final del túnel. Me ayuda (talvez sin saberlo) a aclarar mi pensamiento, me reconforta con su discurso y por si no fuera suficiente él me esperaba en casa, dispuesto a seguirme acompañando, aminorando sus manías de mantenerse "lejos". Agradezco a Dios (y a él) por su vida.
Casi lo olvido... para completar la tensa mañana recibí la llamada menos esperada "le podemos pasar a dejar sus muebles en unos minutos? Qué?!?!?!!? - Estaba sola cubriendo el piso porque mi compañera no llegó a tiempo, la hora de la comida y partida a la escuela, qué?!?!?!?!?! los esperaba al día siguiente, había miles de pendientes en casa!!!!!... Todo salió bien, y ahora... sí, justo ahora... me encuentro sobre mi deliciosa y nueva cama, escribiendo un poco... =)
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